miércoles, 28 de abril de 2010

Cádiz, una puerta a otros mundos




      Hay algo en Cádiz que la hace diferente a las demás ciudades que conozco. Y no me refiero a sus carnavales ni a la gracia que emana de forma natural de los gaditanos. Hablo de las piedras, del aire, de la mar. Algo de ella me hace sentir en otro tiempo, quizá fenicio, quizá tartesio, quizá atlante. He vivido allí varios años y el mar tiene un olor especial, distinto, marinero, atlántico, salobre. El agua puede ser esmeralda, turquesa, rubí. De sus olas parecen brotar sirenas que llaman a los navegantes. Sus calles son estrechas, frescas, acogedoras, al abrigo del temible levante. Cádiz es especial, siempre deseada, nunca olvidada. Y está llena de sorpresas.
      La época en que tuve la fortuna de vivir en "mi Cai", la Catedral llevaba años cerrada porque la intensa humedad desmoronaba la piedra con que se construyó (caliza y ostionera) y produjo graves daños en ella. No pude visitarla y anhelaba poder ver algún día lo que aquellas grandes puertas ocultaban a la vista. Ahora he vuelto, con la suerte de poder recrearme en la sencillez con que muestra su intensa belleza y riqueza. Pero la sorpresa fue su cripta, había oído hablar de que está bajo el nivel del mar, a pocos metros de él y cómo se encoge el alma al escuchar el romper de las olas desde su interior. Ayer, a las tres de la tarde, el mar estaba en calma y éramos pocos los visitantes del recinto sagrado, reinaba un sepulcral silencio cuando mis pasos descendieron por la escalera y mi vista se sorprendió con un recinto que parecía sacado del Medievo, allí podía imaginar una reunión de caballeros Templarios discutiendo su estrategia antes de partir a la reconquista de Jerusalén. Me dirigí hacia la cúpula central y comencé a oír otros pasos junto a los míos, que se hacían más intensos, a la vez que se multiplicaban, conforme me acercaba a su centro; dije "Dios mío" y resonaron miles de "Dios mío", como si un inmenso gentío bajo mis pies repitiese mis palabras de forma encadenada en un tiempo que me pareció infinito. Sólo estaba yo, como mortal, pero allí había algo más, pensé en los miles de almas que perdieron su vida en asedios, epidemias, hambrunas, cobijados para la eternidad en aquel sacro lugar. Sentí que esas gentes hablaban a través de mi voz. No tuve miedo sino la sensación de que allí hay una puerta a otros mundos, los que guarda Cádiz en sus entrañas.

miércoles, 21 de abril de 2010

Azulejería sevillana - Feria de Sevilla

AZULEJO DE FERIA



Situado en la calle Jovellanos, junto a Sierpes, representa una caseta de Feria en 1934 cuando este evento se celebraba en el Prado de San Sebastián. Llama la atención el formato de la caseta imitando una fachada, la del en su tiempo famoso bar y restaurante Casa Calvillo, que estuvo ubicado en el mismo edificio donde hoy se encuentra el azulejo.
Su realización corresponde a Cerámica Santa Ana de Triana.

Martes de Feria "To petao"






Lleno absoluto o como se dice ahora "to petao". El Metro a punto de infarto; Tussam como sardinas en lata y para más "inri" en huelga y suspendidos el cincuenta por ciento de los servicios previstos al recinto ferial; en el Charco de la Pava casi imposible encontrar aparcamiento y colas mayores a las de la Expo92 para coger las lanzaderas, tanto de ida como de vuelta; ríos humanos en cualquier calle que desemboque en la Feria, especialmente Asunción; y las casetas "toas petás".
Por otra parte, muchísimas "flamencas", gente con ganas de divertirse, cientos de corrillos cantando y bailando sevillanas no solo en las casetas sino en cualquier lugar de la calle, los naranjos en flor y el perfume del azahar en el aire para sofocar el "aroma" equino; en fin, colorido y alegría a raudales.
Dos detalles me llaman la atención en Semana Santa y Feria: el primero, cómo realza la belleza de las mujeres tanto el traje de mantilla como el de flamenca y el arte que tienen para lucirlo; el segundo, ¿de dónde sale tanta gente? Esta última cuestión mejor ni planteársela porque, a pesar del primer detalle, probablemente me hubiera quedado en casa.

viernes, 16 de abril de 2010

¡Se escapó de la olla!




Los sevillanos, como otros andaluces, somos aficionados a los caracoles, o más concreto, al noble arte de que los preparen en el bar y “sorberlos” acompañados de una cruzcampo requetefría. Parece que este ejemplar, más “cabrilla” que caracol, se las ingenió para huir de la sauna caracolicida y ahora se divierte, desde esta fachada en Puente y Pellón, observando con desconfianza el continuo movimiento de humanos que andorrean a la sombra de su concha.
Esta obra, forjada en bronce, fue creada por el escultor sevillano Chiqui Díaz, experto en observar la Naturaleza y plasmar en materia inerte la belleza de los animales desde una perspectiva personal, neoprimitivista y vitalista.

lunes, 12 de abril de 2010

Azulejería sevillana - Albacete (Plaza de España) 2

AZULEJO DE ALBACETE




El motivo central representa la batalla de Almansa que tuvo lugar el 25 de abril de 1707, durante la Guerra de Sucesión Española, entre partidarios de Felipe V y del archiduque Carlos de Austria, y que significó, tras el triunfo de los primeros, el afianzamiento de los Borbones en España.

viernes, 9 de abril de 2010

Feria de Abril 2010 - Portada




La portada de la feria de Abril de 2010 ha sido diseñada por José Manuel Peña Jiménez bajo el lema “Blériot XI” y conmemora el Centenario del primer vuelo de la aviación militar española, que despegó de Tablada. En el diseño se conjugan el centenario del vuelo con elementos de la ciudad de Sevilla, “n” y “d” de NO&DO, y adornos feriales como caracoles y lunares. Tiene un frente de 50 m. por 40 m. de altura y predominan en ella los típicos colores taurinos amarillo albero y rojo carmesí.
José Manuel Peña Jiménez, de Mairena del Alcor, fue también el autor de la portada de 2008 con el diseño del Costurero de la Reina.
Cuando faltan once días para la inauguración de la Feria de Abril, este es el aspecto que presenta la Portada de los Remedios.

Azulejería sevillana - Studebaker




Este azulejo publicitario, situado en la calle Tetuán de Sevilla, es obra del ceramista y pintor hispalense Enrique Orce Mármol (1885-1952), está fechado en 1924 y realizado en la fábrica "Viuda e Hijos de M. Ramos Rejano" que estuvo hasta 1965 en la calle San Jacinto de Triana. Representa un automóvil alemán Studebaker de 6 cilindros. El azulejo fue restaurado el año 1978 en el taller que Alfonso Orce González, hijo del autor, tenía en la calle Covadonga.

lunes, 5 de abril de 2010

Rosas en el asfalto



En memoria de Almudena y Patricia, dos jóvenes cuyas vidas fueron segadas cuando regresaban de ver las procesiones del Sábado Santo sevillano.

Azulejería sevillana - ¿Gracia o guasa?



Que Cádiz es la capital de la gracia ya lo dijo el excelente periodista sevillano D. Antonio Burgos y los carnavales se encargan de demostrarlo. También afirmó el insigne escritor, y le sobran razones, que en Sevilla lo que manda es la guasa. En este aspecto, hay una fina línea que hermana Cádiz con Sevilla o Sevilla con Cádiz, la gracia con su toque guasón o la guasa con su toque gracioso que ambas capitales dominan.
Aquí vemos una muestra del gracejo sevillano llevado al azulejo, ¿o deberíamos decir de la guasa?